La biodiversidad es la variedad de la vida en todas sus formas y niveles de organización. Se suele analizar en tres dimensiones principales: la diversidad genética, la diversidad de especies y la diversidad ecosistémica. Estas no son categorías aisladas, sino que forman una red interdependiente que sostiene la estabilidad, la resiliencia y el funcionamiento de la biosfera.

1. Diversidad genética: la base de la variación

La diversidad genética se refiere a la variedad de genes y alelos presentes dentro de una población o especie.

  • Incluye mutaciones, recombinación y flujo génico que generan variabilidad heredable.

  • Permite la adaptación evolutiva: poblaciones con mayor diversidad genética tienen más probabilidades de resistir enfermedades, cambios climáticos y presiones selectivas.

  • Ejemplo: en un bosque, la presencia de árboles de la misma especie pero con distintos alelos de resistencia a plagas aumenta la supervivencia de la población.

2. Diversidad de especies: la riqueza del conjunto

La diversidad de especies engloba la variedad de organismos que conviven en un ecosistema, tanto su número (riqueza) como su abundancia relativa (equidad).

  • Influye en las interacciones ecológicas: depredación, polinización, competencia y mutualismos.

  • Mayor diversidad de especies suele asociarse a mayor estabilidad ecológica: ecosistemas con múltiples especies pueden mantener su funcionamiento incluso si algunas disminuyen.

  • Ejemplo: praderas con muchas especies de pastos son más resistentes a sequías que aquellas dominadas por una sola especie.

3. Diversidad ecosistémica: la escala de los hábitats

La diversidad ecosistémica abarca la variedad de ecosistemas y hábitats dentro de una región o el planeta.

  • Incluye bosques, arrecifes, tundras, humedales, desiertos, etc.

  • Cada ecosistema tiene su propio conjunto de especies y procesos ecológicos, que contribuyen al mosaico funcional de la Tierra.

  • Ejemplo: la coexistencia de manglares, pastos marinos y arrecifes de coral favorece la protección costera y la productividad pesquera.

Interdependencia entre los tres niveles

  • La diversidad genética alimenta la diversidad de especies: las poblaciones con mayor variación genética tienen mayor potencial para especiarse y generar nuevas especies.

  • La diversidad de especies sustenta la diversidad ecosistémica: cada especie cumple roles funcionales que mantienen procesos ecológicos como el ciclo de nutrientes o la polinización.

  • La diversidad ecosistémica retroalimenta a las otras dos: ecosistemas variados proporcionan distintos nichos y condiciones selectivas que promueven la diversificación genética y la aparición de nuevas especies.

Relevancia para la conservación

Conservar un único nivel no es suficiente.

  • Proteger solo especies icónicas sin conservar su variabilidad genética puede generar poblaciones frágiles (ej. guepardos con bajo polimorfismo genético).

  • Mantener hábitats pero sin conectividad puede limitar el flujo génico y la diversidad local.

  • Enfoques integrales, como las áreas protegidas interconectadas y la restauración de corredores biológicos, fomentan los tres niveles simultáneamente.