El Proyecto Manhattan fue uno de los programas científicos y tecnológicos más ambiciosos y secretos del siglo XX. Desarrollado durante la Segunda Guerra Mundial, su objetivo fue diseñar y construir la primera arma nuclear de la historia. Más allá de su resultado militar inmediato, el proyecto transformó de manera irreversible la relación entre ciencia, Estado y poder político, inaugurando la era nuclear y planteando dilemas éticos que aún hoy siguen abiertos.

Contexto histórico y origen

A finales de la década de 1930, la física nuclear vivía una revolución. En 1938, Otto Hahn y Fritz Strassmann descubrieron la fisión nuclear, interpretada teóricamente por Lise Meitner y Otto Frisch. Este proceso demostraba que al dividir el núcleo de un átomo pesado, como el uranio, se liberaba una enorme cantidad de energía.

Con el ascenso del régimen nazi y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, surgió el temor de que Alemania desarrollara una bomba basada en la fisión nuclear. En 1939, Albert Einstein, a instancias de Leo Szilard, firmó una carta dirigida al presidente Franklin D. Roosevelt advirtiendo sobre esta posibilidad. Esta carta fue decisiva para que Estados Unidos comenzara a financiar investigaciones en energía nuclear con fines militares.

Nacimiento del Proyecto Manhattan

En 1942, el gobierno estadounidense consolidó los esfuerzos dispersos de investigación bajo un programa ultrasecreto conocido como Proyecto Manhattan, llamado así por el Distrito de Ingenieros del Ejército de EE. UU., que inicialmente lo supervisó.

El proyecto quedó bajo el mando militar del general Leslie R. Groves, mientras que la dirección científica fue asumida por el físico teórico J. Robert Oppenheimer. La combinación de control militar estricto y libertad intelectual para los científicos fue una de las claves de su rápido avance.

Infraestructura científica e industrial

El Proyecto Manhattan no fue un solo laboratorio, sino una red de centros de investigación y producción repartidos por todo Estados Unidos:

  • Los Álamos (Nuevo México): laboratorio central donde se diseñaron y ensamblaron las bombas.

  • Oak Ridge (Tennessee): instalaciones para el enriquecimiento de uranio, separando el isótopo fisionable U‑235.

  • Hanford (Washington): producción de plutonio‑239 en reactores nucleares.

  • Universidades y laboratorios asociados: como la Universidad de Chicago, donde Enrico Fermi logró la primera reacción nuclear autosostenida en 1942.

Este despliegue implicó avances sin precedentes en física, química, metalurgia, ingeniería y matemáticas aplicadas, además de una movilización industrial colosal.

La ciencia detrás de la bomba

El proyecto culminó en el desarrollo de dos diseños distintos de armas nucleares:

  • Bomba de uranio tipo cañón (“Little Boy”): basada en la unión rápida de dos masas subcríticas de U‑235.

  • Bomba de plutonio por implosión (“Fat Man”): utilizaba explosivos convencionales dispuestos de forma esférica para comprimir un núcleo de plutonio hasta alcanzar la criticidad.

El segundo diseño fue considerablemente más complejo y requirió innovaciones teóricas y experimentales avanzadas, como el uso de lentes explosivas y sistemas de detonación extremadamente precisos.

La prueba Trinity

El 16 de julio de 1945, en el desierto de Alamogordo, Nuevo México, se llevó a cabo la primera detonación nuclear de la historia, conocida como la prueba Trinity. La explosión liberó una energía equivalente a unas 20 kilotoneladas de TNT.

Muchos científicos presentes comprendieron en ese momento que el mundo había cambiado de forma irreversible. Oppenheimer evocó un verso del Bhagavad‑gītā: “Ahora me he convertido en la Muerte, el destructor de mundos”.

Hiroshima y Nagasaki

Pocas semanas después, las bombas fueron utilizadas en combate:

  • 6 de agosto de 1945: Hiroshima fue destruida por “Little Boy”.

  • 9 de agosto de 1945: Nagasaki fue devastada por “Fat Man”.

Las explosiones causaron decenas de miles de muertes inmediatas y muchas más por efectos de la radiación en los años posteriores. Japón anunció su rendición el 15 de agosto de 1945, marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Consecuencias científicas y políticas

El Proyecto Manhattan dio origen a una nueva etapa histórica:

  • Consolidó el concepto de “gran ciencia”, financiada masivamente por el Estado.

  • Inició la carrera armamentista nuclear durante la Guerra Fría.

  • Impulsó el desarrollo de la energía nuclear con fines civiles.

  • Generó debates éticos profundos sobre la responsabilidad social de los científicos.

Muchos de los propios participantes del proyecto, como Szilard y Oppenheimer, se convirtieron luego en críticos del uso militar de las armas nucleares.

El Proyecto Manhattan no fue solo un logro tecnológico, sino un punto de inflexión para la humanidad. Demostró que el conocimiento científico puede alterar el curso de la historia en cuestión de segundos. Desde entonces, la supervivencia humana quedó ligada a la forma en que decide usar —o contener— el poder que la ciencia ha puesto en sus manos.

Comprender el Proyecto Manhattan es, por tanto, esencial no solo para entender la historia de la física moderna, sino también para reflexionar sobre el papel de la ciencia en un mundo marcado por riesgos globales.