En la historia reciente de la ciencia española, pocos nombres han alcanzado una proyección internacional tan sólida en el campo de la oncología como el de Mariano Barbacid. Aunque sería incorrecto afirmar que el cáncer de páncreas ha sido erradicado —pues sigue siendo uno de los tumores más agresivos y de peor pronóstico—, sí es justo reconocer que Barbacid y los equipos científicos que ha liderado han contribuido de manera decisiva a transformar la comprensión biológica de este tipo de cáncer y a abrir nuevas vías terapéuticas que hoy definen la investigación oncológica moderna.
Este artículo recorre la trayectoria de Mariano Barbacid, su papel en el estudio de los oncogenes y su impacto específico en la investigación del cáncer de páncreas, uno de los mayores retos de la medicina contemporánea.
Mariano Barbacid: un pionero de la oncología molecular
Mariano Barbacid nació en Madrid en 1949 y se formó como bioquímico en la Universidad Complutense. Su carrera científica dio un giro decisivo cuando se trasladó a Estados Unidos en la década de 1970, integrándose en algunos de los laboratorios más avanzados del mundo en biología molecular y virología. Fue allí donde realizó uno de los descubrimientos más importantes de la oncología del siglo XX: la identificación del primer oncogén humano, el gen HRAS, en 1982.
Este hallazgo demostró que el cáncer podía originarse por mutaciones específicas en genes normales del organismo, y no únicamente por agentes externos como virus o sustancias químicas. A partir de ese momento, el cáncer comenzó a entenderse como una enfermedad genética adquirida, sentando las bases de la oncología molecular.
El gen KRAS y el cáncer de páncreas
Entre la familia de oncogenes RAS estudiados por Barbacid, el gen KRAS ocupa un lugar central en la investigación del cáncer de páncreas. Más del 90 % de los adenocarcinomas ductales pancreáticos —la forma más común de este tumor— presentan mutaciones activadoras en KRAS. Estas mutaciones mantienen activadas de forma permanente las señales de crecimiento celular, impulsando la proliferación descontrolada de las células tumorales.
Durante décadas, KRAS fue considerado un objetivo terapéutico “inabordable”. Su estructura molecular y su función biológica hacían extremadamente difícil diseñar fármacos capaces de inhibirlo sin dañar las células sanas. Sin embargo, los estudios impulsados por Barbacid y otros investigadores demostraron que comprender en profundidad las rutas de señalización activadas por KRAS era clave para atacar indirectamente el tumor.
El CNIO y la apuesta española por la investigación traslacional
En 1998, Mariano Barbacid regresó a España para liderar la creación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), del que fue director durante más de una década. Bajo su dirección, el CNIO se convirtió en uno de los centros de referencia en Europa en investigación del cáncer, con un enfoque claramente traslacional: conectar la biología básica con el desarrollo de terapias reales para los pacientes.
En el caso del cáncer de páncreas, los grupos del CNIO realizaron modelos animales genéticamente modificados que reproducían con gran fidelidad la enfermedad humana. Estos modelos permitieron estudiar, por primera vez de forma sistemática, cómo las mutaciones en KRAS interactúan con otros genes y con el microambiente tumoral, incluyendo la fibrosis extrema que caracteriza a este cáncer y que dificulta la acción de los tratamientos.
Nuevas estrategias terapéuticas
Uno de los aportes más relevantes de la investigación liderada por Barbacid fue demostrar que bloquear KRAS de forma directa no siempre era suficiente, pero que interferir en las vías metabólicas y de señalización dependientes de KRAS podía frenar el crecimiento tumoral. Esto abrió la puerta a estrategias combinadas, en las que se atacan múltiples puntos críticos de la célula cancerosa.
Además, sus trabajos ayudaron a explicar por qué muchos tratamientos fracasan en el cáncer de páncreas: no solo por la agresividad intrínseca del tumor, sino por la compleja interacción entre las células cancerosas y su entorno, que actúa como una barrera física y bioquímica frente a los fármacos.
¿Se ha erradicado el cáncer de páncreas?
Desde una perspectiva científica rigurosa, la respuesta es no. El cáncer de páncreas sigue teniendo una de las tasas de supervivencia más bajas entre los tumores sólidos. Sin embargo, gracias a los avances impulsados por investigadores como Mariano Barbacid, hoy se comprende mucho mejor su origen molecular, su evolución y sus puntos débiles.
Esta comprensión ha permitido el desarrollo de nuevos fármacos dirigidos, ensayos clínicos más precisos y estrategias personalizadas que hace apenas dos décadas eran impensables. La erradicación no ha llegado aún, pero el camino hacia tratamientos más eficaces se ha construido sobre estos descubrimientos fundamentales.

