El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, conmemorado cada 11 de febrero, fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2015 como un reconocimiento explícito a la contribución histórica y contemporánea de las mujeres al desarrollo científico, así como una llamada de atención sobre las desigualdades persistentes en el acceso, la participación y el liderazgo dentro de los sistemas de ciencia, tecnología e innovación.
Esta conmemoración se inscribe en un marco más amplio de análisis sobre la producción del conocimiento científico y las condiciones sociales, culturales e institucionales que han definido históricamente quiénes participan en su construcción.
Desde una perspectiva historiográfica, la ciencia moderna se consolidó en instituciones —universidades, academias y sociedades científicas— que durante siglos excluyeron formalmente a las mujeres. Esta exclusión no respondió a criterios epistemológicos, sino a normas sociales que limitaron el acceso femenino a la educación superior y a la práctica científica profesional.
Como consecuencia, numerosas contribuciones realizadas por mujeres fueron invisibilizadas, atribuidas a colegas varones o relegadas a espacios marginales dentro del canon científico. Casos como el de Rosalind Franklin en biología molecular, Lise Meitner en física nuclear o Henrietta Swan Leavitt en astronomía ilustran un patrón sistemático de subreconocimiento que ha sido ampliamente documentado por la historia social de la ciencia.
El relato tradicional del progreso científico, centrado en figuras individuales y mayoritariamente masculinas, ha contribuido a perpetuar una visión parcial y distorsionada del desarrollo científico.
A pesar del aumento sostenido de la participación femenina en la educación científica, las estadísticas actuales evidencian la persistencia de desigualdades estructurales. Las mujeres continúan subrepresentadas en áreas como física, ingeniería, matemáticas y ciencias computacionales, así como en posiciones de toma de decisiones dentro de instituciones científicas.Entre los factores identificados se encuentran:
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Sesgos de género en procesos de evaluación académica y asignación de recursos.
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Menor acceso a redes de colaboración científica de alto impacto.
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Sobrecarga de tareas de cuidado que afectan la continuidad de las trayectorias investigativas.
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Estereotipos culturales que influyen en la autopercepción de competencias científicas desde edades tempranas.
La literatura en educación científica señala que el interés por las ciencias se forma tempranamente y está fuertemente influenciado por procesos de socialización. Si bien niñas y niños muestran niveles comparables de curiosidad científica en etapas iniciales, las niñas tienden a abandonar vocaciones STEM con mayor frecuencia durante la adolescencia.
La escasez de referentes femeninos en los contenidos educativos, junto con representaciones estereotipadas de la figura del científico, contribuye a la percepción de la ciencia como un espacio ajeno. En este sentido, la visibilización de mujeres científicas cumple una función pedagógica y simbólica fundamental.
Desde un enfoque contemporáneo en estudios de ciencia, tecnología y sociedad (CTS), se reconoce que la diversidad en los equipos de investigación mejora la calidad epistémica de la ciencia. La incorporación de perspectivas diversas favorece la formulación de nuevas preguntas, la identificación de sesgos metodológicos y la producción de conocimiento socialmente más relevante.
Promover la participación equitativa de mujeres y niñas en la ciencia no constituye únicamente una demanda ética, sino una condición para el fortalecimiento de los sistemas científicos y su contribución al desarrollo sostenible.
El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia debe entenderse como una oportunidad para analizar críticamente las estructuras que aún condicionan la participación científica. Superar las desigualdades de género requiere políticas educativas inclusivas, reformas institucionales y un compromiso sostenido con la equidad en la producción del conocimiento.
Garantizar la plena incorporación de mujeres y niñas en la ciencia no solo repara una deuda histórica, sino que amplía las posibilidades epistemológicas y sociales del conocimiento científico.
#AQ


