El reciente terremoto que sacudió a Venezuela volvió a recordar una realidad que muchas veces pasa desapercibida hasta que ocurre una tragedia: nuestro planeta está en constante movimiento. En cuestión de segundos, miles de personas en Caracas y otras regiones del país sintieron cómo el suelo vibraba con una intensidad capaz de detener la rutina cotidiana, provocar evacuaciones masivas y generar momentos de incertidumbre. Las imágenes de edificios dañados, personas abandonando sus hogares y equipos de rescate trabajando entre los escombros recorrieron el mundo y pusieron nuevamente sobre la mesa una pregunta fundamental: ¿por qué ocurren los terremotos y es posible prevenirlos?

Más allá de la noticia del momento, este evento representa una oportunidad para comprender mejor uno de los fenómenos naturales más poderosos del planeta. Los terremotos forman parte del funcionamiento normal de la Tierra y han moldeado la superficie terrestre durante millones de años. Sin embargo, alrededor de ellos aún existen numerosos mitos que pueden generar desinformación e incluso poner vidas en riesgo cuando ocurre una emergencia. Comprender qué es un terremoto, cómo se produce y cuáles son las recomendaciones respaldadas por la ciencia es fundamental para estar mejor preparados.

El 24 de junio de 2026, Venezuela experimentó uno de los eventos sísmicos más importantes de su historia reciente. Dos fuertes terremotos, con magnitudes aproximadas de 7,2 y 7,5, ocurrieron con pocos segundos de diferencia, dando lugar a un fenómeno conocido por los sismólogos como un "doblete sísmico". Este tipo de evento es relativamente raro y especialmente peligroso, ya que la segunda sacudida encuentra muchas estructuras debilitadas por la primera, aumentando considerablemente el riesgo de colapsos y daños estructurales.

El movimiento fue percibido prácticamente en todo el territorio venezolano e incluso en países vecinos como Colombia, además de varias islas del Caribe. En Caracas, miles de personas salieron apresuradamente de edificios, oficinas y viviendas buscando espacios abiertos. Diversas construcciones sufrieron daños, algunas colapsaron parcialmente y las autoridades activaron protocolos de emergencia mientras equipos de rescate y organismos de socorro iniciaban labores de búsqueda y atención de heridos. Aunque las evaluaciones continuaron durante los días siguientes, el terremoto fue catalogado como uno de los más destructivos registrados en Venezuela en las últimas décadas.

Para comprender por qué ocurrió este terremoto es necesario observar lo que sucede bajo nuestros pies. La superficie terrestre no es una capa sólida continua, sino que está fragmentada en enormes bloques conocidos como placas tectónicas. Estas placas flotan lentamente sobre una capa más caliente y parcialmente plástica del interior del planeta llamada astenosfera. Aunque el movimiento de las placas es extremadamente lento, generalmente de apenas algunos centímetros por año, la enorme masa involucrada hace que acumulen cantidades gigantescas de energía.

Venezuela se encuentra en una zona donde interactúan principalmente la placa del Caribe y la placa Sudamericana. El movimiento relativo entre ambas genera esfuerzos constantes sobre las rocas de la corteza terrestre. Durante años, décadas e incluso siglos, estas rocas permanecen sometidas a una enorme presión hasta que finalmente alcanzan su límite de resistencia. En ese instante se produce una fractura repentina conocida como falla geológica y toda la energía acumulada se libera casi instantáneamente en forma de ondas sísmicas. Esa liberación de energía es precisamente lo que conocemos como un terremoto.

Desde un punto de vista científico, un terremoto puede definirse como la liberación repentina de energía acumulada en el interior de la corteza terrestre debido al desplazamiento de bloques rocosos a lo largo de una falla geológica. Esa energía se propaga mediante vibraciones que recorren el interior y la superficie del planeta. Dependiendo de la cantidad de energía liberada, la profundidad del evento y las características del terreno, un terremoto puede pasar prácticamente desapercibido o convertirse en un desastre de enormes proporciones.

En todos los terremotos existen dos conceptos fundamentales que suelen confundirse: el hipocentro y el epicentro. El hipocentro, también denominado foco sísmico, corresponde al punto exacto dentro del interior de la Tierra donde comienza la ruptura de las rocas. El epicentro, por su parte, es el punto ubicado directamente sobre el hipocentro, pero en la superficie terrestre. Aunque el epicentro suele experimentar las sacudidas más intensas, la distribución de los daños también depende de otros factores como la composición del suelo, la calidad de las edificaciones y la distancia al foco sísmico.

Una vez ocurre la ruptura de la falla, se generan diferentes tipos de ondas sísmicas. Las primeras en propagarse son las ondas P o primarias, que viajan a gran velocidad y pueden desplazarse tanto por sólidos como por líquidos. Estas ondas suelen producir movimientos relativamente suaves y son las primeras en ser detectadas por los sismógrafos modernos. Posteriormente llegan las ondas S o secundarias, que únicamente pueden propagarse a través de materiales sólidos y producen movimientos mucho más intensos. Finalmente aparecen las llamadas ondas superficiales, responsables de la mayor parte de la destrucción observada durante los grandes terremotos debido a los fuertes movimientos horizontales y verticales que generan sobre el terreno.

Muchas personas creen que la magnitud de un terremoto determina por sí sola el nivel de destrucción, pero la realidad es mucho más compleja. Dos terremotos con la misma magnitud pueden producir consecuencias completamente diferentes dependiendo de múltiples factores. La profundidad del hipocentro, la distancia al epicentro, el tipo de suelo, la densidad poblacional, el estado de las edificaciones y el cumplimiento de normas antisísmicas influyen de manera decisiva en el impacto final del evento.

Los terrenos blandos, por ejemplo, pueden amplificar considerablemente las vibraciones sísmicas. Es por esta razón que algunos barrios construidos sobre antiguos depósitos sedimentarios experimentan daños mucho mayores que otros ubicados sobre roca sólida, aun cuando ambos se encuentren a la misma distancia del epicentro. Asimismo, edificios diseñados bajo estrictas normas antisísmicas suelen resistir movimientos muy intensos, mientras que construcciones antiguas o deficientemente construidas pueden colapsar durante terremotos de menor magnitud.

Otro aspecto que suele generar confusión es la escala utilizada para medir los terremotos. Actualmente los científicos emplean principalmente la magnitud de momento sísmico (Mw), una escala logarítmica que permite estimar la energía liberada durante un terremoto. Debido a su naturaleza logarítmica, un incremento de una unidad en la magnitud no representa el doble de energía, sino aproximadamente treinta y dos veces más energía liberada. Esto significa que un terremoto de magnitud 8 es enormemente más poderoso que uno de magnitud 7, y cientos de veces más energético que uno de magnitud 6.

Uno de los interrogantes más frecuentes es si los terremotos pueden predecirse. La respuesta que ofrece actualmente la comunidad científica es clara: no. Ningún país del mundo posee la capacidad de anticipar con precisión el lugar exacto, la fecha, la hora y la magnitud de un futuro terremoto. A pesar de décadas de investigación, todavía no existe ningún método científicamente validado que permita realizar predicciones de ese tipo.

Lo que sí pueden hacer los científicos es identificar regiones con mayor probabilidad de actividad sísmica mediante estudios geológicos, históricos y estadísticos. También existen modernos sistemas de alerta temprana que detectan automáticamente las primeras ondas sísmicas cuando un terremoto ya ha comenzado. Estos sistemas pueden enviar avisos con algunos segundos de anticipación antes de que lleguen las ondas más destructivas, tiempo suficiente para detener trenes, cerrar válvulas industriales o permitir que las personas busquen protección. Sin embargo, es importante comprender que estos sistemas no predicen terremotos; simplemente reaccionan extremadamente rápido una vez iniciado el fenómeno.

Alrededor de los terremotos circulan numerosos mitos que la ciencia ha desmentido repetidamente. Uno de los más populares sostiene que los animales pueden predecir los terremotos. Aunque existen relatos sobre comportamientos inusuales observados antes de algunos eventos sísmicos, las investigaciones realizadas hasta la fecha no han encontrado evidencia consistente que permita utilizar la conducta animal como un método confiable de predicción.

Otro mito muy difundido afirma que el calor intenso, las altas temperaturas o determinados cambios climáticos provocan terremotos. Esta idea carece completamente de fundamento científico. Los terremotos tienen su origen a varios kilómetros de profundidad y son consecuencia exclusiva de procesos geológicos relacionados con el movimiento de las placas tectónicas, completamente independientes del clima o de la temperatura del aire.

También es frecuente escuchar que los terremotos ocurren porque "la Tierra se está acomodando". Aunque esta expresión se utiliza popularmente para explicar el fenómeno, desde el punto de vista científico resulta incorrecta. La Tierra no se está acomodando, sino que libera la energía acumulada debido al desplazamiento continuo de las placas tectónicas.

Otro error común consiste en pensar que después de un gran terremoto ya no volverán a ocurrir movimientos importantes. En realidad sucede lo contrario. Tras un terremoto principal suelen registrarse numerosas réplicas que pueden prolongarse durante días, semanas o incluso meses. Algunas de estas réplicas pueden alcanzar magnitudes suficientemente elevadas para provocar nuevos daños en estructuras previamente debilitadas.

Durante muchos años también se recomendó ubicarse bajo el marco de una puerta durante un terremoto. Esta recomendación provenía de construcciones antiguas donde los marcos de madera formaban parte importante de la estructura. Sin embargo, en la mayoría de los edificios modernos esto ya no ocurre. Actualmente, organismos internacionales especializados en gestión del riesgo recomiendan aplicar la estrategia conocida como "Agáchate, cúbrete y sujétate", protegiéndose bajo una mesa resistente y alejándose de ventanas, estanterías y objetos que puedan caer.

Saber cómo actuar durante un terremoto puede marcar una enorme diferencia. Si una persona se encuentra dentro de un edificio, debe mantener la calma, evitar correr hacia las salidas mientras el suelo continúa moviéndose y buscar inmediatamente protección bajo un escritorio o una mesa resistente. Si no existe un lugar adecuado donde refugiarse, lo recomendable es permanecer junto a una pared interior, lejos de ventanas y objetos pesados que puedan desprenderse. Nunca deben utilizarse ascensores durante un terremoto.

Si el terremoto sorprende a una persona en la calle, lo más seguro es alejarse de edificios, postes eléctricos, árboles, puentes y cualquier estructura susceptible de colapsar. Quienes se encuentren conduciendo deben reducir la velocidad y detener el vehículo en un lugar abierto, evitando túneles, puentes y pasos elevados hasta que finalice el movimiento.

Una vez termina el terremoto, es importante prepararse para posibles réplicas. También se recomienda revisar si existen fugas de gas, evitar ingresar a edificios visiblemente dañados y mantenerse informado únicamente a través de fuentes oficiales para evitar la propagación de rumores o información falsa.

La historia demuestra que los terremotos no necesariamente tienen que convertirse en tragedias humanas. Países como Japón y Chile, ubicados entre las regiones con mayor actividad sísmica del planeta, han logrado reducir significativamente el número de víctimas gracias a estrictas normas de construcción, sistemas de alerta temprana, educación permanente de la población y simulacros frecuentes. Estas experiencias evidencian que no son los terremotos los que matan, sino principalmente el colapso de edificaciones mal diseñadas, la falta de planificación urbana y la ausencia de preparación ciudadana.

El reciente terremoto que afectó a Venezuela constituye un recordatorio de que vivimos sobre un planeta dinámico, cuya superficie continúa transformándose constantemente. Aunque la ciencia todavía no puede impedir ni predecir estos fenómenos con exactitud, sí puede comprenderlos cada vez mejor y desarrollar herramientas para reducir sus consecuencias. La educación, la investigación científica, el cumplimiento de normas de construcción y la preparación de la población siguen siendo las mejores estrategias para enfrentar uno de los fenómenos naturales más poderosos e impredecibles de la Tierra.

Fuentes periodísticas recomendadas

  • Reuters. Earthquakes shake Venezuela's capital and northern region.
  • El País. Cobertura especial del terremoto en Venezuela.
  • BBC News Mundo. ¿Por qué Venezuela es un país con riesgo sísmico?
  • CNN en Español. Últimas noticias sobre el terremoto en Venezuela.
  • Deutsche Welle (DW Español). Análisis de los terremotos y su impacto en América Latina.

Fuentes científicas recomendadas

  •  Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) – Earthquake Hazards Program.
  • Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS).
  • Organización de las Naciones Unidas – Oficina para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR).
  • Servicio Geológico Colombiano – Red Sismológica Nacional.
  • UNESCO – Programa Internacional de Geociencias.